Reprimidos…

Amós 5:14-15

¡Buscad el bien y no el mal, para que viváis! Así estará con vosotros Jehovah Dios de los Ejércitos, como decís. Aborreced el mal y amad el bien.

Cuando Jesucristo viene a morar en nosotros, nos da de su Espíritu Santo. Como su nombre lo indica, su característica más resaltante es ser SANTO. El viene a consolar, fortalecer, animar, convencer de justicia, juicio y pecado, etc., etc., pero sobre todo viene a traer SANTIDAD al corazón del hombre.

La Biblia nos exhorta, no una, sino varias veces: “ Sed santos, porque YO soy santo.” (Dice Dios)

Sin embargo, parecería como que la mayoría de personas en la iglesia, son mas bien “pecadores reprimidos”, que “santos victoriosos”. ¿Qué quiero decir con esto? Que la actitud de corazón de muchos, es como si en el fondo del corazón el pecado les llama, los atrae, les gusta, pero por motivos de miedo al infierno, o el castigo eterno, entonces se cohíben y se alejan del pecado.

No hay amor a la santidad, sino miedo al castigo que el pecado puede traer sobre nosotros. En el colegio llevábamos clases de pintura. Teníamos en clase a varios potenciales artistas, que disfrutaban cada momento expresando su arte, pintando sus cuadros. Habíamos otros, mas dedicados a las matemáticas o la física, para quienes la pintura no era necesariamente nuestra mayor pasión. Nosotros anhelábamos terminar pronto la clase e irnos a casa, pero por miedo a la mala nota que el profesor nos podría poner, pues quedábamos hasta escuchar la campana. Estábamos ahí, y hacíamos lo que había que hacer, no por amor al arte, sino por miedo al castigo.

Lo mismo ocurre en las iglesias. No hay amor a la santidad, sino miedo al castigo que el pecado puede traer sobre nosotros. Y ahí tienes a los creyentes, como esperando la campana, para liberarse de esa opresión, y poder pecar con libertad. Viven más como “pecadores reprimidos”, que “santos victoriosos”. ¡Buscad el bien y no el mal, para que viváis! Así estará con vosotros Jehovah Dios de los Ejércitos, como decís. Aborreced el mal y amad el bien.

A veces nos preguntamos: ¿Porqué siento a Dios tan lejos? ¿Por qué parece como que mis oraciones no son escuchadas? ¿Por qué Dios se manifiesta a otros de una manera tan especial, y conmigo no pasa nada? Quizás la respuesta esté en nuestro corazón. No importa cuánto sacrificio hagas por el Señor, no importa cuánto ofrendes al Señor, no importa si predicas o enseñas en la escuela dominical… lo que importa es si tienes un corazón de acuerdo al corazón de Dios. Lo que importa es si has llegado a tener tal comunión con el Padre, que amas lo que El ama, y odias lo que el odia. Lo que importa es si tu corazón anhela con pasión agradar a Dios en cada uno de tus actos. Porque entonces buscarás el bien y no el mal, aborrecerás el mal y amarás el bien. ¡Buscad el bien y no el mal, para que viváis! Así estará con vosotros Jehovah Dios de los Ejércitos, como decís. Aborreced el mal y amad el bien.

Dios no quiere “pecadores reprimidos” que estén buscando la primera oportunidad para “caer involuntariamente en el pecado”. Dios quiere un ejército de hombre y mujeres llenos del Espíritu santo, que amen la Santidad y luchen por ella. Dios quiere hombres y mujeres que cada día proclamen con todas sus fuerzas…. ¡¡¡¡QUIERO SER SANTO, PORQUE MI PADRE, ALLÁ EN LOS CIELOS, ES SANTO.!!!

Dios les bendiga.

Ps. Carl Hardmeier

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